Iglesia San Jerónimo “el Real” Arquitectura emblemática, Madrid

San Jerónimo «el Real», conocido popularmente como «Los Jerónimos», fue uno de los conventos más importantes de Madrid, regido originariamente por la Orden de San Jerónimo. Junto a él existía el llamado Cuarto Real, luego ampliado como Palacio del Buen Retiro en tiempos de Felipe IV.

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Del convento subsisten actualmente la iglesia y un claustro, a espaldas del Museo del Prado.
El claustro sufrió un progresivo deterioro a lo largo del siglo XIX y tras un acuerdo con las
autoridades eclesiásticas, fue recuperado e incorporado al Prado como parte de la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo.

Fachada exterior Por su actual aspecto exterior, el claustro se conoce popularmente como «El cubo de Moneo».
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La Iglesia San Jerónimo y convento estuvieron estrechamente ligados a la vida de la Corte y la monarquía española.

El templo fue escenario frecuente de funerales, juras de herederos, bodas y proclamaciones, siendo la última de éstas la del actual rey Juan Carlos I.

PERIODO DE CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA San Jerónimo «el Real»

  • 1502 a 1505 — Construcción del templo y monasterio
  • 1560 — Construcción del claustro plateresco al oeste, hoy inexistente.
  • 1612 — Construcción del claustro renacentista clásico al sur, por el arquitecto Miguel Martínez.
  • 1808 — Destrucción de la portada Gótica, retablos, etc. Convertido en cuartel.
  • 1812 — Restauración.
  • 1833 — Restauración interior para la jura de Isabel II, por el arquitecto Custodio Moreno.
  • 1835 — Conversión en cuartel de artillería y hospital de inválidos.
  • 1855 — Convertido en Hospital de coléricos.
  • 1855 — Proyecto de restauración del arquitecto Domingo Gómez de la Fuente.
  • 1859 — Restauración del exterior bajo el patrocinio del rey consorte, Francisco de Asís, por el arquitecto Narciso Pascual Colomer: torres, pináculos, crestería gótica y portada, labrada por el escultor Ponciano Ponzano.
  • 1879 a 1882 — Restauración del interior y construcción de la casa parroquial bajo patrocinio del Cardenal Moreno: adornos de puertas, arcos, tribunas, barandal del coro, los tres retablos de cabecera, terminación de la portada, vidrieras y rejería por el arquitecto Enrique Mª Repullés y Vargas.
  • 1905 — Construcción de la escalinata y atrio para la boda de Alfonso XIII.
  • 1910 — Proyecto de restauración y terminación del claustro clásica por el arquitecto Pedro Muguruza.
  • 1940 — Restauración del Templo y ampliación de la casa parroquial, por el arquitecto Francisco Íñiguez.
  • 1962 a 1964 — Construcción del salón bajo el atrio al Oeste.
  • 1972 — Proyecto de expropiación del atrio en la ampliación del Museo del Prado, por el arquitecto Fernando Chueca Goitia, para la Dirección General de Programación e Inversiones del Ministerio de Educación y Ciencia. Aprobado en Consejo de Ministros y derogado por el Jefe del Estado, Francisco Franco.
  • 1975 — Proyecto de restauración de chapiteles, pináculos y cornisas del arquitecto Fernando Chueca Goitia, no aprobado por la Dirección General de Bellas Artes.
El Ministerio de Cultura y la Iglesia de Madrid llegaron a un acuerdo, por el que el claustro (propiedad de ésta) pasaba a manos del Prado, a cambio de la construcción de una casa cural anexa (diseñada por otro arquitecto) y el remozamiento de las fachadas del templo.

Para la recuperación del claustro, se desmontaron una a una las piedras de sus dos pisos de galerías. Estos bloques fueron numerados y trasladados para su limpieza a las afueras de la ciudad.

Culminada la obra, el claustro mantenía su patio interior, con sus arcos y columnas originales, y recuperaba su volumen exterior en forma de cubo, a lo que debe su nombre popular.

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Se utilizó ladrillo rojo para las fachadas a fin de que entonaran mejor con los edificios circundantes. Interiormente, el elemento más novedoso es un lucernario que atraviesa el edificio, desde el claustro hasta las plantas subterráneas dedicadas a exposiciones.  las puertas de bronce de Cristina Iglesias, que conectan el edificio del claustro con la calle Ruiz de Alarcón.

La escalinata del templo presentaba un buen aspecto, pero el edificio acusaba el paso del tiempo; peor era la situación del claustro, cuyos muros perimetrales se habían desmoronado parcialmente, dejando al descubierto las columnas del interior.

La ampliación del Museo del Prado, el Ministerio de Cultura desechó varias opciones y eligió como la más factible y menos traumática prolongar los espacios de la pinacoteca hacia los Jerónimos.

Se recuperaba el solar del claustro, que quedaba conectado con la sede principal del museo de forma subterránea.

Con esta intervención, el edificio principal del Prado (erigido en el siglo XVIII por Juan de Villanueva) no sufría la más mínima alteración y la ampliación hacia los Jerónimos permitía cubrir el desnivel entre el Paseo del Prado y la calle Ruiz de Alarcón.

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