La Arquitectura “Superstar” viviendas de impacto mediático

La Arquitectura “Superstar” viviendas de impacto mediático
Curiosamente desde la construcción del Guggeheim y la inauguración de la época del “espectáculo arquitectónico”, la contribución de las “Superstars” al desarrollo de la vivienda ha quedado limitada a un pobre número de casos.
De los proyectos construidos por los estudios más importantes en las últimas décadas, los dedicados en exclusiva al tema de la vivienda son minúsculos. Zaha Hadid, por no ir más lejos, ha dedicado sus energías en los últimos años solo a dos proyectos de vivienda colectiva, de los cerca de veintiséis construidos. Revisando el trabajo del estudio de Koolhaas, el de Herzog y de Meuron, y de otros tantos, la proporción no mejora considerablemente. Y se puede extraer una sencilla conclusión: el interés por el tema de la vivienda colectiva por parte de la “vanguardia” es nulo.
En una época en que la vivienda, al menos por número y recursos destinados por la sociedad, es el tema principal, esta omisión temática resulta especialmente elocuente.
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Sin embargo y curiosamente, el nacimiento de la arquitectura moderna estuvo desde el principio ligado a este mismo tema… ¿Qué ha pasado a lo largo del siglo pasado para que dicho interés se haya ido diluyendo?.
El movimiento moderno, indudablemente influenciado por un momento histórico, pero también por vocación propia, sintió que debía dar solución a un problema pendiente: dar alojamiento a grandes masas de personas en el éxodo a las ciudades, a los problemas de alojamiento debidos a la industria aun sin resolver del siglo anterior y a la destrucción fruto de los conflictos bélicos. De hecho, no solo se vio en la vivienda una oportunidad sino que se vio como una ocasión de pedagogía arquitectónica y uno de las causas más convincentes y seguras de su desarrollo y su éxito.
La vivienda fue sentida como la gran ocasión de la arquitectura para informar de los inventos y la cultura de una época. A este tema todos los arquitectos modernos dedicaron gran parte de su talento y sus energías y produjo la mayor parte de los avances de la arquitectura. Gracias a las experiencias en el campo de la vivienda, el arquitecto no solo se hizo presente en la sociedad por medio de una difusión sin precedentes de su trabajo, sino que también hizo de su figura el nuevo “evangelizador” de la modernidad.
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Visto con distancia, parece claro que aquel “arquitecto heroico”, por no dejar de utilizar una expresión habitual en los años 70, a duras penas fue capaz de convencer a las masas de las virtudes de la salubridad y los modernos modos de vida. Es más, por el contrario, su carga ideológica encubierta, y su figura voluntarista e inmodesta, resultaron contraproducentes para el futuro profesional. De hecho, pronto se comprobó que llevadas al urbanismo, las soluciones de la modernidad resultaron, en muchos casos, un conjunto espléndido de fiascos, tanto más estrepitosos cuanto más dogmáticos e inamovibles se habían mostrado sus arquitectos.
No obstante y si bien el desarrollo de la vivienda tuvo momentos de gloria y verdadero avance en esos comienzos del siglo XX, tanto desde el punto de vista tipológico, como constructivo, a mediados del siglo, el grueso de la temática parecía mostrarse agotada. Curiosamente casi a la vez que la carta de Atenas y los CIAM hacían aguas.
Ya superados los esfuerzos por la optimización de la vivienda mínima, y de los grandes inventos en cuanto a lo que suponía el habitar colectivo, solo quedaban por construirse las investigaciones llevadas a cabo treinta años antes. Y tal vez desarrollar la vivienda ligada a un carácter regional en obras como las de Bakema, Candilis, Josic and Woods, Van Der Broek o los Smithson.
Con todo, y llegados al siglo XXI, ¿Cuantos ejemplos memorables pueden equipararse en los últimos veinte años a las investigaciones de Ginzburg, en cuanto a ingenio o talento?. Apenas pueden contarse con los dedos de una mano las que, desarrollando y mejorando temas o casos del pasado, han logrado aportar algo de verdadera originalidad.
Así pues resulta difícil acusar a toda la generación de “Superstars” de  falta de energía  en sus propuestas en este ámbito. A fin de cuentas, el tema parece agotado…
Aunque si  la investigación sobre la vivienda se ha finiquitado hace tiempo y nos hallamos, a efectos prácticos, en la época de la exhibición y el espectáculo de la Arquitectura, ¿qué ha sucedido con las ciudades mientras tanto?.
Por mucho, que la arquitectura se haya practicado con entusiasmo, la era de la exhibición ha tratado de convertir la arquitectura en una fuente de ingresos. Y parece claro que la vivienda no generaba ese tipo de beneficios. ¿Qué especie de loco podría pretender esto de una tipología edilicia que no es visitable?. Al menos eso parecía claro…
(Aunque nadie contaba con que la formación de nuevas figuras “Supestar”, al principio requiere construir sin dejar ningún tema de lado…)
Respecto a esta “problemática”, el caso de MVRDV o del recién aparecido en escena, Bjarke Ingels, es relevante. Cuando los encargos de arquitectura que se reciben no encajan con la arquitectura que produce una “Superstar”, y se desea a toda costa ajustar la oferta en esa franja de mercado, tal vez, -y esta es la hipótesis de esos dos estudios asentados en la cínica dialéctica de Koolhaas pero también de muchos otros-, la arquitectura deba convertirse, sea como sea, en espectacular.
Ambos han tratado la temática de la vivienda como un programa capaz de generar impacto mediático. Y respecto a la vivienda, este si es un proceso de una novedad que resulta especialmente significativo.
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Los primeros encargos de MVRDV referidos a la investigación sobre agrupaciones residenciales y de viviendas, son aun hoy intensos. El proyecto de los apartamentos Wozoko, o las viviendas Silodam, desarrollaron caminos hoy bien transitados: los primeros, sobre la potencia visual contenida en los alardes estructurales, y las segundas,  investigando más que sobre una tipología concreta, sobre todas ellas, simultáneamente. Proyectos iniciales todos, que cautivaron a una generación hace una década, por la inusual convivencia de frescura y penetración.
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Idéntico camino parece seguir el estudio BIG, aunque tal vez sin la misma traba intensa de contenidos y forma. Lo que si parece evidente es la puesta de largo de la vivienda como instrumento para la consecución de fines, hasta ahora, impensables. O quizás es simplemente el “remake” de un viejo asunto.
Mientras tanto, unos pocos de miles de recién licenciados en las facultades de arquitectura de esa vieja Europa, han invertido cerca de 20 años en el aprendizaje de su profesión por medio de la construcción de viviendas. Un aprendizaje realizado en convivencia con la extenuante ley del mercado y otros profesionales que construían, a raíz de los resultados, sin demasiado escrúpulo o preocupación por la calidad de la ciudad que formaban.
Si la arquitectura “Superstar” ha sido capaz de generar turismo e ingresos para la ciudad, e incluso de llegar a convertirse en su logo o su imagen corporativa; ha sido esa generación de arquitectos dedicada a la vivienda, la que ha terminado construyendo lo que de calidad tiene, la mayor parte de la superficie edificada de las ciudades que habitamos.
Los avances en cuanto a investigación no han sido, (parece que no podían haberlo sido), de calado. El mercado, con su tiranía y sus leyes implacables, apenas ha dado margen a otra cosa que cierta uniformidad y una grisura que impide ver los excepcionales esfuerzos de toda esa generación de arquitectos que han empleado la vivienda como campo de pequeñas innovaciones. Esas pequeñas innovaciones tal vez sean hoy el caldo de cultivo más sustancioso de las inminentes revoluciones por venir.
Tal vez sean honrosas excepciones que anticipan el camino de las ciudades y la forma de vida futura.
via laciudadviva.org por  Santiago de Molina

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